martes, 15 de junio de 2010

PUTO!



HIJO DE PUTAAAA!! HIJO DE PUTAAAA!!!.... COJANLOOOOO TIENE MI CELULAAAAAAAAR!!.. era lo único que repetía mientras mi mente repasaba todas aquellas veces que mis padres decían deja que te roben lo material se recupera.

Ya estaba arriba del puente con el corazón acelerado cuando de pronto tres personas se dijeron a mi solo pude oír decir -cruzo- inmediatamente eche a correr como si fuera capaz de correr mas rápido sujete mi laptop y baje las escaleras corrí por debajo de aquel puente y las voces de mis padres irrumpieron otra vez. De inmediato me detuve sin lugar a donde correr sentía que no podía más.

Incapaz de poder razonar y saber que hacer me conecte con la realidad y al ver a mi alrededor me percate que tenía todas la miradas puestas sobre mi. Miradas de lastima reflejaban el pensamiento de pobre señorita, tiene que recignarce; otras miradas reflejaban una insertidumbre y miedo, probablemente por haberme visto correr tan desesperadamente. De pronto un grito me devolvió ese hilo de esperanza, amiga lo cogieron, dijo alguien desde arriba del puente, mi travesía comenzó nuevamente y comencé a subir.

Una vez más corrí con toda la velocidad, que se me permitía. Llegue a lo más alto y pude ver unos dedos señalando hacia la mitad de la Panamericana Sur, en el medio del puente. Dubitativa y con el temor que me embargaba me dirigí al lugar señalado; la imagen era confusa. Dos hombres, uno aparentemente taxista, sostenían a mi caudillo. No había duda era aquel mismo hombre que minutos antes había subido a la combi, estacionada debajo del puente "Primavera", como pasajero y que instantes después me había arrebatado mi aparato telefónico y se dio a la fuga.

Uno de ellos se dirigió
hacia mi mostrándome mi equipo -este es tu celular- solo moví la cabeza afirmando y es que al instante que me preguntaba el taxista intentaba ponerle las esposas al ladrón. Como si hubiera podido leerme la mente el señor volvió a dirigirse a mi: somo policías estamos de franco, es decir... entiendo le dije, antes que pudiera intentar terminar la frase. Al percatarme que interrumpir había sonado grosero agregue en forma de disculpa: mi papá es policía se que estar de franco, y propicie una sonrisa a medias. El señor debí entender que no me sentía bien y continuo: lo llevaremos a la comisaría de Chacarilla, concluyó. Sin embargo, no me sentía satisfecha con lo acaba de escuchar y al instante y sin meditar acto comencé a patear al pillo, solo me detuve cuando el taxista, ahora policía, anuncio que era tiempo de ir a la comisaría.

Ya en la comisaría todo era más simple aunque mucho más largo. La toma de datos, manifestaciones y huellas digitales eran lo tedioso. Pronto llame a papá, quien en instantes y tan solo por teléfono acelero un papeleo de tres horas en tan solo una y media. Al rato llegaría mi hermano y yo tendría ya un poco menos de nerviosismo y más confianza. Llegue a mi casa con mi celular y a tiempo de ver el mundial.


sábado, 5 de junio de 2010

Perdente


De pronto se oye por los parlantes la llamada, aquella llamada que siempre hacia que mi corazón se para por breve segundos, la que marcaba el inicio de todo un viaje.

Yo usualmente puntal, casi siempre obligada por los nervios que me embargan, esperaba se abriera la reja para iniciar la travesía. Con cada paso me acercaba más al momento final; mientras más me acercaba el corazón se me aceleraba era tan fuerte los latidos que sentía que era capaz de escucharlos y que pronto todas voltearían a verme al oír el ruido, mis piernas temblaban, tiritaban en todas duraciones.

Cuando llegábamos por fin, solo me dejaba caer al suelo y repasaba cada entrenamiento, cada noche y cada tarde que pase en ese mismo lugar, repasaba una y mil veces las tácticas memorizadas, etonces la voz de la juez llamando irrumpía los recuerdos. Pronto me ponía de pie y me dirigía la zona de lanzamiento. Al llegar contaba mis pasos, mi estomago se estrujaba y mi espiración era pausada. Había llegado el momento.

Al tomar mi poción inicial se podían oír los comentarios de las demás; siempre están las pesimistas, ella lanza mejor que yo las oí decir; otras por su lado hablaban de mi ropa, que feo ese color el de mi cole esta mejor; también se oía comentarios como ella no lanza siempre se va. Al comenzar con mi trote lista para el lanzamiento todos los comentarios desaparecieron y como por arte de magia se escuchaba los gritos de aliento de la gente de la tribuna, la jabalina había salido ya de entre mis dedos y cruzaba el campo.

Mientras la jabalina surcaba el campo, el tiempo parecía detenerse y una vez más comencé a recordar cada vez que intentaba clavar la jabalina, en la gran piscina de piedras donde entrenaba, de como dolía estar rodeada de ellas y lo difícil que era para mi. Pronto toco el suelo y se clavó, la magia, el sufrimiento y el esfuerzo iban a dar resultados.

La medición fue de 14.27, una vez más no pase tendría que coger mis cosas, salir y enfrentar las caras de desilusión de los que me esperaban, era mala y ya todos lo sabían.